Historia de microempresaria Noemy Loria

Cuando hoy, como empresaria, vuelvo a ver hacia atrás, me sorprende todo lo que he logrado con la ayuda de Dios, mi esposo, mi familia e instituciones como el Banco Nacional que un día creyeron en mi proyecto, por lo que hacer sólo un resumen de cómo surgió mi empresa se me hace muy difícil, pues definitivamente está ligada a mi vida personal; es mi trabajo, pero al mismo tiempo es uno de mis sueños realizados.

Yo pienso que la vida misma desde muy pequeña me hizo una mujer emprendedora, ya que mi infancia fue muy bella, pero al mismo tiempo difícil, pues fui abandonada por mi madre biológica, por lo que fui criada por mi abuela y una tía, quienes se entregaron por completo a mis necesidades de todo tipo, económicas, físicas, de educación y las más importantes, aquellas de tipo emocional. Sin embargo, no contar con la presencia de mi madre biológica deja cierto vacío en el corazón, pero le doy gracias a Dios que en vez de sentirme deprimida o frustrada, esto hizo que me convirtiera en una mujer luchadora impulsada por el inmenso cariño que me brindaban mi tía y mi abuela, quienes me hicieron entender que el amor y la motivación pueden provenir de muchas fuentes, no sólo de una y que todas las oportunidades deben ser recibidas con un corazón agradecido.

Durante mi niñez y adolescencia recibí una educación de calidad en todo aspecto, tanto en teoría como en la formación de valores, pues el sueño de mis madres era verme convertida en un profesional integral y, aunque saliendo del colegio, recibí un duro golpe, que fue la muerte de mi abuela, eso una vez más se convirtió en un impulso para hacer nuestro sueño realidad y, aunque fuera desde el cielo, estuviera feliz de ver su misión cumplida.

Ingresé a la Universidad de Costa Rica e ingresé a la carrera de odontología, pues siempre tuve vocación hacia el área de la salud. Mi tía con grandes sacrificios económicos logró costear mi carrera, ya que es una de las más caras, pero ella siempre creyó en mí y desde pequeña me enseñó que los imposibles no existen, así que juntas, ella apoyándome económica y emocionalmente y yo poniendo toda la disposición académica, logramos obtener el tan anhelado título en el año 2009.

Había llegado el momento de enfrentarme a la realidad del área laboral y, muchos creen que porque tienes un título de Licenciatura y sos doctora, ya tenés la vida resuelta; pero eso no fue así. Conseguir mi primer trabajo no fue tan sencillo, ya que no hay muchas empresas grandes que brinden servicio de odontología como para contratar personal y aunque hay muchas clínicas dentales privadas la mayoría son propias, es decir, pertenecen al odontólogo regente y no les interesa contratar a más gente para que las trabaje, pero aún así tuve la oportunidad de ser contratada en una de estas clínicas privadas, donde fui adquiriendo experiencia laboral. Sin embargo, me enfrentaba al problema que el sistema de trabajo en estas clínicas es por medio de servicios profesionales donde sólo obtienes un pequeño porcentaje del trabajo que realizas y donde muchas veces no se cuenta con todas las garantías laborales y la estabilidad de una persona asalariada. Por lo tanto, esa espinita emprendedora volvió a molestarme, pues mi sueño al estudiar esa carrera siempre fue tener mi clínica, a mi gusto y obtener las utilidades de mi trabajo, pero me enfrentaba al problema de la falta de recursos para montarla, ya que es bastante oneroso por el costo de los equipos requeridos y, económicamente, me enfrentaba a la inestabilidad de ingresos, así que de momento seguí trabajando y meses después decidí casarme, pues con los ingresos que obtenía en esa clínica me daba para vivir aunque no fueran fijos.

Durante ese lapso, callé a ratos el anhelo de tener mi propia empresa, hasta que como casi siempre sucede en el nacimiento de las pequeñas empresas, llegó la crisis: la doctora propietaria de la clínica donde trabajaba decidió cerrar el negocio por motivos familiares y yo de una semana a otra me quedé sin trabajo y con apenas 4 meses de casada. No encontraba oportunidades de empleo así que decidí que era la hora de tener mi clínica, ya que era eso o no hacer nada y sufrir una situación económica agobiante, de manera permanente.

Me dediqué a averiguar en diversas instituciones bancarias, ya que nunca había pedido un crédito ni siquiera personal, con el agravante de que como desde el inicio trabajé por servicios profesionales nunca había sido asalariada y en ese momento estaba desempleada. Muchas puertas se cerraron y la frustración fue grande, pues en algunos bancos me indicaban que para poder brindarme el crédito el negocio tenía que tener un año de funcionamiento, y cómo iba a hacer eso, si no tenía los recursos para iniciarlo?

Esa fue la tónica, hasta que por fin llegué al Banco Nacional, que en ese momento estaba realizando publicidad en la televisión de BN Mujer y Banca de Desarrollo, y me dijeron que si había posibilidades. Que montado el negocio era muy factible que yo pudiera cancelar la cuota de mi crédito por medio de mi trabajo, pero aún así el proceso para obtener el crédito fue un poco largo, y era entendible, no tenía nada que ofrecer en garantía, sólo mi formación profesional y el deseo de tener lo propio. Por lo tanto, el ejecutivo realizó un flujo de caja y proyecciones para ver la factibilidad de mi empresa y, aún así requería un fiador, pero la única persona que me podía fiar en ese momento no contaba con los ingresos necesarios para responder por la totalidad de la deuda. Aún con todo esto en contra el ejecutivo del banco me acompañó en el proceso y me brindó más opciones y una de esas era que pudiera acceder a una garantía del FINADE, lo hicimos como él sugirió y así fue como yo, una profesional desempleada en ese momento, sin ningún historial crediticio previo, pudo acceder al crédito que le permitió cumplir el sueño de tener su propia empresa.

Ya son casi 2 años desde que se fundó mi clínica dental y, gracias a Dios, todos los meses he podido pagar la cuota de mi crédito puntualmente. Por supuesto, que han habido momentos difíciles donde todo el panorama se ve oscuro, pero al final del túnel siempre se encuentra la luz para seguir adelante, alguna oportunidad surge, de alguna manera se suplen las necesidades y, en medio de todo esto, tengo que decir que nunca he sido más feliz laboralmente como lo soy hoy. Cuando llego en las mañanas a abrir mi negocio y veo lo lindo que es, cuando digo que soy mi propia jefa, cuando recibo capacitaciones para mejorar mi negocio día a día y cada vez que un paciente sale satisfecho de mi local, siento un orgullo y un agradecimiento inmenso con Dios, con mi esposo, mi familia y con el Banco Nacional que ese día creyeron en mí.

Sigo soñando y trabajando por hacer esos sueños realidad, anhelo en algún momento contar con todo un equipo de trabajo de punta, con abrir sucursales y seguir expandiendo mi negocio, con abarcar buena parte del mercado costarricense, pero sin olvidar a mi comunidad de Tejar del Guarco en Cartago, que me vio nacer como empresaria. Ahora voy por otros de mis sueños, mi casa propia, así que creo que me tendrán en el Banco por un largo rato…..De corazón, mil gracias por todo el apoyo a los microempresarios y en especial a las mujeres luchadoras, gracias no solamente por el apoyo económico, que es fundamental, sino por el acompañamiento en todo el proceso de las mipymes, siéntanse felices de ser testigos de tantas historias de éxito!!