Historias de terror: Vender su carro le costó muy caro a ella y a su familia

Vanessa estaba feliz, quería comprarse un chuzo del año y por eso decidió vender su carro. Aunque tomar la decisión y promocionarlo en una página de venta de vehículos le costaría muy caro, a ella, y sobre todo a la empresa de su padre.

Emocionada colocó las fotos, número de teléfono y todos los detalles para atraer las miradas de los compradores, y pronto, su teléfono sonó.

La tan esperada llamada telefónica vino de un hombre que dijo llamarse Casimiro. Se mostró interesadísimo y aseguró que quería el carro para su hijo.

Sin embargo, tenía un inconveniente, a pesar de que le urgía comprar el carro, vivía en Guanacaste y temía que Vanessa encontrara otro comprador mientras él se desplazaba a San José a verlo.

Por eso, le preguntó: “si le doy ¢500.000 como señal de trato, me lo guarda”.

Ella no podía estar más feliz, primer día anunciando el vehículo y ya tenía comprador. Le dijo que estaba dispuesta a aceptar lo que le ofrecía y en eso quedaron.

Ahí empezó el engaño, que más tarde traería graves consecuencias financieras.

Colgaron la llamada y Casimiro llamó por segunda vez, pero con un nuevo inconveniente: se quedó sin Internet y no podía hacer la transferencia bancaria.

Sin embargo, para seguir envolviendo a Vanessa en el engaño, le dijo que no se preocupara, que tenía una solución.

Llamada tripartita

“Hablé con mi ejecutivo del banco. Lo vamos a enlazar en una llamada, para que él nos haga el depósito”, dijo Casimiro.

Entonces, apareció en escena David, el supuesto ejecutivo del banco.

“Don David, que gusto saludarle, tengo en línea a la muchacha que me va a vender el carro, pero no tengo internet”, dijo Casimiro.

“No se preocupe, permítame para conectarme a los sistemas del banco”, dijo el hombre.

A partir de ahí comenzó a preguntarle sus datos a Casimiro, para hacer el depósito: “Regáleme su número de cédula, su número de tarjeta, el PIN. También me puede dar los números verificadores de la parte de atrás de su tarjeta?”

Mientras eso sucedía, Casimiro le hablaba a Vanessa de las bondades de este ejecutivo bancario.

¡Viera qué persona más honrada y confiable!

Y después de esas referencias y de escuchar cómo don Casimiro entregaba todos los datos que pidió el supuesto ejecutivo bancario, Vanessa no tuvo problema en ofrecer los mismos datos de su parte.

Las consecuencias de no desconfiar de esa práctica fueron grandes.

Aquella llamada duró cuatro largas horas, en las que se gestó una catástrofe.

Vanessa brindó toda la información relevante y los criminales comenzaron a hacer lo suyo, dinero, con el agravante de que su tarjeta estaba autorizada para acceder a las cuentas de su padre, un empresario.

Así la venta de un vehículo les costó 190.000 millones de colones que fueron transferidos a cuentas fantasmas.

Ese dinero estaba destinado a actualizar los activos de la empresa.

Las autoridades fueron notificadas. Tan solo parte del dinero se pudo recuperar.

No cometa el error de Vanessa, nunca entregue sus datos, su PIN u otra información sensible.